mayo 17, 2004

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.escribir los planes no garantiza agarrar la vida y estar en el futuro. es solo literatura. si quieres que dios se burle de ti, escribe tus planes. escribo mi horario tentativo. camino por el deportivo reynosa, desierto. después en la uam escucho un concierto de jazz y leo un par de horas. voy a casa de mi madre y estoy muy relajado. como, leo el periódico y duermo media hora. no tengo dinero para ver emily a las 20:00 o creator principium y hoy la quitan. salgo rumbo a casa de alberto pero, al llamarle, no está así que veo tieta, una pelicula basada en la novela de jorge amado, en la Cineteca. regreso y veo el noticiero cultural y friends. me tomo un par de pastillas y duermo hasta las 8:30. si la vida fuera otra hoy estaría viajando por Venecia y estaría en el carnaval. replanteo un proyecto para la editorial. pienso ir a ver a gerardo. escribo una carta para algunos editores amigos mios. voy a casa de mi madre y hablo bien con ella. estoy hasta las siete. me da dinero, poco: cincuenta pesos. compro el tiempo libre. veo tele. friends. si la vida fuera otra hoy estaría viajando por Venecia y estaría en el carnaval. despierto y leo algunos periodicos que compré el dia que murio dalí. voy al centro cultural de arte contemporáneo y paseo por ocho horas viendo y sintiendo pinturas de Joan Miró. el azul absoluto de la inmensidad. Hoy los colores le han dado color a mi negro vacío, los colores de Joan Miró pintor de colores claros y sensaciones nobles...






Quizá la obra de Miró no tiene la importancia renovadora y transgresora que tuvo la obra de Picasso pero Miró, como pocos, logró construir un lenguaje propio en una obra personal de imágenes y figuras llenas de un sensible espíritu infantil y, por momentos, onírico... Miró es Miró y sus obras son únicas, en cualquier lugar son reconocidas por la forma y los colores propios. Antes de Miró no hay nadie que habló, a través del lienzo, de la forma en que éste lo hace. He ahí la importancia de sus obras y lo que lo convierte en un verdadero artista.
En sus primeros trabajos, en los que aún no se imponía un estilo personal, se puede observar el rigor académico y la habilidad técnica ante cuadros tradicionalistas donde ya los colores pastel comienzan a dominar el espectro. Sin embargo son cuadros ordinarios que solo muestran una maestría técnica y que no trascienden a ningún sentimiento más que el de la habilidad en las pinceladas. Son cuadros tradicionales influidos por el expresionismo e impresionismo de finales del siglo XIX y principio del siglo XX, cuadros donde se observa la búsqueda del artista y la forma en que lentamente va dejando escapar su alma reprimida mediante el pincel.
Reprimida porque en sus primeros cuadros Miró se está enfrentando a su propio espíritu creador que lo orilla a dejar una carrera administrativa, en contra de la voluntad de su padre, por una carrera de sensaciones, imágenes, sueños y arte. No es si no hasta el cuadro llamado La Bañista que finalmente los colores y el enorme espíritu infantil que caracteriza la obra del pintor catalán comienza a dar señales.
La Bañista es un cuadro donde los trazos simples, y en apariencia sin sentido, junto con el color azul, comenzarón a definir lo que será su obra en adelante. En La Bañista se observa en un fondo azul intenso los trazos de una mujer con el cabello al viento, junto al mar, junto al cielo. Mar azul, azul cielo, azul libertad... Porque justo con ese cuadro azul es que Miró encuentra la libertad artística, libertad mediante un color que lo marcaró durante toda su vida, porque "azul es el color de mis sueños", escribe y dice en uno de sus siguientes primeros cuadros, sueños azules como azul son la mayoría de las cosas en el planeta y es quizá por eso que Miró no necesita, dentro de sus obras más impresionantes, más que de éste color para decir cuanto debe decir...
Azul absoluto y tan solo una pequeña, miníscula, casi invisible luna menguante en el extremo superior izquierdo, una luna pequeña en un enorme fondo azul que nos hace sentir la inmensidad del cielo, el mar, el enorme vacío que el azul también representa, porque vacío es el cielo, vacío es el azul, azul es el mar, la inmensidad...
El azul en la bandera francesa representa a la libertad, libertad que junto con el siglo en que desarrolla su obra se siente en cada cuadro pintado por Miró. Libertad infantil y espíritu liberador e inocente de niño que traza caprichosamente sus lineas despreocupadas y libres. Lineas y trazos de un propio universo, como debe ser el universo del artista, universo personal con un propio lenguaje y una coherencia total en su interior aunque por fuera no la tenga.
Coherencia exquisita que se puede entender en el cuadro La Papa, pintura donde Miró pinta una papa que no parece una papa pero que, sin embargo, es una papa, y tan es una papa que es por eso que, para no dejar dudas, Miró le pone ese nombre al cuadro, y es que no importa tanto lo que el espectador ve o interpreta como lo que el artista plasma, observa y dice en un cuadro. La interpretación surge a partir de una coherencia personal que tendría que estar dentro de la misma línea interpretativa del creador para poder concebir y descubrir la obra como lo que es. En el caso de La Papa, un cuadro que muestra una Papa indiscutiblemente dentro del universo-Miró; en ese cuadro hay una papa independientemente de la visión externa del observador.
Las pinturas de Miró son como dibujos infantiles hechos por niños inocentes de cinco años, pinturas y dibujos con colores pastel y personajes de sus propias fantasías; Pájaros, estrellas, cometas, hombre, mujer... en la obra de Miró hay la misma congruencia que existe en un dibujo hecho por un niño, la misma libertad y la misma sensación de éxtasis y tranquilidad, obras manifiestas de un periodo liberador y creador de una época, obras manifiestas del artista verdadero que pinta para expresar su universo más que para vender... Esa es la gran diferencia que existe entre Miró y Dalí, el otro mosquetero de la pintura española (el cuarto mosquetero sería Joan Gris). En su delirio de grandeza Dalí pintaba por fama, pintaba por dinero, pintaba sus sueños-pezadillas onírico-realistas en un universo personas plagiado por la figura de Picasso y la libertad de Miró. Miró es un artista no un payaso, esa es la gran diferencia entre ambos artistas catalanes. Mientras Dalí pinta cisnes y gansos a los ocho años en la pileta de su casa Picasso transforma el arte y Miró libera su infantil espíritu de artista autentico.
Miró se dedica a su obra y su persona; no es un circo surrealista, como pasa con Dalí. Miró, el hombre, es un artista dedicado a su trabajo no a la manifestación pública con tintes de hacer grandes negocios. Miró es un hombre introvertido y disciplinado que se despierta a las cinco y corre por la mañanas, que pinta ocho horas diarias y se fuma tan solo un cigarro, un hombre respetuoso y de respeto que saca a sus ángeles-pajaros y demonios-hombres-mujeres a través del pincel y no de actos excéntricos. Es un hombre ensimismado plasmado en su obra y su propio universo personal que prefiere sea manifiesto en el lienzo y no en su vida pública. Vida pública sin escándalos.
Miró es más su obra que su nombre y eso también le da un gran valor. A Picasso le compran los cuadros por ser un Picasso, no por lo que hay en el cuadro, a Dalí se los compran porque es un payaso que hace escándalos y cuyo nombre suena entre los que dicen entender el arte y con las pinturas de Dalí manifiestan su propio snobismo, con Miró es diferente; Miró es el artista, la obra, los colores y el universo que manifiesta que está por encima del personaje, Miró no necesita disfrazarse, solo necesita pintar... y pintando y pintando es como adquiere su propia técnica, y pintando y pintando es como va creciendo y añadiendo personajes a su constelación.
Cada cuadro de Miró lo muestra como hombre-niño, como niño hombre feliz o desencantado, cada cuadro de cada periodo manifiesta las sensaciones de una época, de un periodo en la vida del artista... Es por eso que de repente comienza a aparecer de forma insistente el negro, negro oscuridad, negro ausencia de color, negro tristeza y negro la falta de luz; negro manifiesto de la enorme tristeza del propio artista, tristeza-depresión de un momento histórico donde sus pájaros felices y sus hombres libres se transforman: los pájaros se vuelven cuervos y el azul de libertad, ausencia e inmensidad se vuelve negro, negro tristeza y rojo violencia. Las pinceladas son incluso violentas, fuertes, grosera, como el espíritu mismo de tristeza y desencanto en un periodo en que el artista cae en una época de depresión manifiesta en su obra... Obra que sirve para mostrar y transmitir el alma; las pinceladas que sólo pueden surgir de las manos y sensaciones del artista muestran eso. Porque la pintura, al igual que las otras artes, sirven para mostrar el alma, el pincel es el instrumento, las manos el mensajero de las sensaciones, la sensaciones provienen del cerebro y en sus pinturas Miró retrata sensaciones; las pinturas de Miró son como la música sin letra, como la danza; nacen de lo sensorial y no de la lógica, pasan primero por las sensaciones y después por la razón.
La gente insiste en querer entender el arte y entenderlo no es tan importante como sentirlo, entenderlo es mirar el Tríptico Azul y no sentir nada, decir con un pensamiento netamente racional que es "un cuadro azul con una línea negra y una mancha roja", eso no es sentir el arte, es racionalizar el arte... El Tríptico Azul de Miró, reunido en un mismo espacio, transmite una de las sensaciones más intensas. Conjunto de obras maestras que con su azul absoluto transmite tanto y dice tanto dentro de tanta ausencia... Azul ausencia, azul inmensidad, azul libertad, azul-blue, blue que en inglés además significa nostalgia, "azul es el color de los sueños", azul cielo, mar, inmensidad...
Inmensos cuadros, que crean un inmenso espacio lleno de sensaciones. El azul total del tríptico recrea una sensación de vacío, de esencia, de libertad absoluta, una sensación de austeridad , de espiritualidad absoluta y de enorme paz que, a través de una tenue linea lleva hasta el éxtasis.





El Tríptico Azul muestra el periodo más maduro de Miró como artista verdadero: la ausencia, el no necesitar de nada más que de lo más básico.
Esas obras son como volver a lo elemental,, a la ausencia de todo como lo único que se necesita para poder comprender todo. La ausencia y el desprendimiento de las cosas para alcanzar el éxtasis.
Para pintar el Tríptico Azul Miró requirió de una profunda meditación Zen, meditación profunda para alcanzar estados de introspección y concentración que pudieran llevarlo hasta el éxtasis. Una experiencia casi religiosa, similar a la de un Monje Lama, meditación profunda en el momento de mayor madurez; dejar todo para ganar la paz, con el azul hundirse, como en el azul mar o en el azul cielo; en un universo casi acuosos, onírico, paradisiaco como debe ser el vientre intrauterino; un universo ausente de todo en el que una sola línea, un solo cordón, nos hace llegar hasta la luz y el éxtasis: éxtasis rojo, extasis-negro-agujero... por eso el circulo negro en el azul total como pareciera ser un hueco a través del cual podemos escapar, negro-hueco-espacio-oscuro dentro de un paradisiaco mundo azul ausente de todo y lleno de una gran paz; agujero como por el que entramos-salimos al momento en que en nuestra absoluta y total paz e inocencia de niños intrauterinos abordamos el mundo o nos vamos de él en el primer y último instante de vida. De la inocencia a la inconsciencia, del azul ausencia paradisiaca, a través del agujero, al mundo y al nacimiento...
El Tríptico Azul de Miró es quizá una de la sobras más complejas, en su austeridad está llenas de significados, símbolos y signos personales que hablan de las cosas más básicas y fundamentales de la vida... El Tríptico Azul no son tan solo "tres cuadros azules con lineas negras y manchas rojas y negras", es un conjunto de obras transmisoras de toda una experiencia corpórea y emotiva.





Contrariamente a la austeridad mística de ese conjunto de obras la saturación de personajes e imágenes de Las Constelaciones, un conjunto de veintiún grabados de pequeño formato, retrata otro periodo en la vida del artista. Las veintiún páginas de una libreta (de veintiún páginas) llenas y repletas de pájaros, estrellas, hombres, cometas, mujeres; llenas de personajes y signos, saturadas de pequeños personajes-lenguajes, de unas enormes ganas de decir y expresarse, casi de un modo maníaco durante un periodo de guerra en que Miró tiene que salir huyendo de España y, para pintar, solo tiene un cuaderno... Es por eso que Las Constelaciones están saturadas de todo el espíritu creador, creativo y expresivo a lo largo de las veintiún litografías.
La última parte de la exposición, la también realizada durante el último periodo de la vida de Miró, no muestra tanta técnica como ganas de decir cosas. Miró, ya viejo, sabedor de su carrera contra el tiempo, lo que quiere es decir, pintar, hacer más y más; queriendo ganarle a la muerte. Ya no importa tanto la técnica ni el material como importa la aparición de nuevos personajes a su universo; la implementación de sueños y fantasías que con trazos simples muestran y demuestran el poder creativo que aún encierra y que en cada manchón y linea, hecha con crayón, saca al niño que juega con periódicos, cartones, maderas, lienzos, con cuadernos, con cualquier material donde pueda dibujar, pintar, decir, hablar, hablar, hablar a través de lápiz, el pincel o las manos mismas: el chiste es hablar y hablar y hablar, pintar, pintar y pintar, correr y rayonear, correr y sacar los azules sueños y los oníricos personajes, hablar pintando de modo desesperado, contra el tiempo, contra la muerte. Rayonear-hablando-un-propio-universo-creado a lo largo de toda una vida de experimentación de un hombre-artista con mente-espíritu y manos de niño que crea para expresarse, y expresarse y expresarse, trazando-hablando hasta que el azul se transforma en negro, el negro domina el espectro, la azul ausencia se vuelve silencio y entonces Miró muere,
Miró nos deja su universo mientras en un mundo-arcoiris se va de viaje al negro para, finalmente, dejar de pintar, dejar sus pinturas...

Hoy los colores le han dado color a mi negro vacío, los colores de Joan Miró.




 

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